No es esa tristeza que se siente por un amor perdido, una infancia desperdiciada o una juventud malgastada... es esa tristeza producida por una decepción alimentada por la esperanza.
Quizás sea ese tipo de tristeza que hace que se te forme un nudo en la garganta sin que llegue a romper en llanto, esa que hace que te emborraches sin saber si te derrumbarás, si te llegará la felicidad de golpe o si te dará un ataque de sinceridad (tal vez esto último sea lo mejor, al menos eres capaz de decir lo que piensas).
Esa tristeza que, cuando aparece, te hace recordar todas y cada una de tus vivencias para buscar el momento en el que desapareció esa felicidad que antes siempre derrochabas.
Esa que aparece cuando te percatas de que has tomado decisiones equivocadas respaldada por personas que,al fin y al cabo, han terminado desapareciendo.
Esa tristeza que aparece cuando eres consciente de que aún duele y , mirando a la nada, sonríes pensando que en algún momento desaparecerá.
Es, exactamente, esa tristeza que te invade cuando esperas que algo ocurra y no, nunca termina de ocurrir...